Free Jazz, Punk Rock

por: Inti Meza V. Lester Bangs
Editorial: 666 libros
  • País: México
    • Año: 2012
    • Páginas: 61

    A través de un trabajo autogestivo y cooperante, 666 libros edita esta traducción del ensayo Free Jazz Punk Rock de Lester Bangs, uno de los críticos de música más desplantes de los años setenta. Su área de interés eran los subgéneros más extremos de finales de la época: el free jazz y el heavy metal. Como lo afirma Inti Meza en el ensayo introductorio, para Lester Bangs “la crítica no sólo tenía implicaciones estéticas en el sentido de mostrar el valor o la singularidad de una banda, sino también una ética en la que el escritor funda una nueva realidad alrededor de la banda. Si la banda lograba establecer una conexión ética con el mundo, una forma de entenderlo, una manera de relacionarnos a través de esta música en particular, entonces se debía fundar un nuevo método de apreciación específico para ese género. (…) Había que construir una forma de escuchar desde la escritura con la única función de afinar la escucha…”

    Andrea Ancira

    La crítica de rock es una praxis literaria que camina en la cuerda floja entre la sumisión autocomplaciente al ídolo y la agitación estética más radical que arrasa con todo. El estadounidense Lester Bangs es una claro ejemplo de esta última tendencia, cuyo legado ha adquirido un merecido estatus de culto en tiempos recientes por su estilo insobornable y original así como por el período glorioso que cubrió, de finales de 1960 a principios de 1980. En castellano, pero particularmente en México, es muy poco o nada leído. Esto se debe a que no se ha traducido su trabajo ni se le ha prestado la atención adecuada. Es natural: mal rock, mala escritura, nula lectura. De cualquier forma los que lo leen, lo hacen en inglés. Y tiene sentido si se considera que su incisiva pluma se dirigió a narrar, describir y problematizar básicamente la música anglosajona y los léxicos y subgéneros del rock, con sus consiguientes estilos de vida, repertorios de actitudes y poéticas embrionarias que dejaron tras de sí. Esto es lo que el traductor denomina en su prólogo el ethos. En este caso el ethos postpunk, que se aborda como el entrechoque de cierto punkrock con el free jazz durante los años setenta del siglo pasado, años dolorosamente regenerativos para la música.

    Y coincidimos: a toda estética corresponde una ética. Al menos esa es la gran utopía de las músicas rebeldes, como las que se abordan en este texto inédito en español hasta que por iniciativa personal el traductor decidió sacarlo a la luz en castellano, con una introducción que en parte es un homenaje al trabajo de Bangs. Y es que esta correspondencia entre estética y ética exige al que la investiga una rigurosa sensibilidad ¿literaria? que pueda desenmarañarla y hacerla visible, creíble, evidente: concretizarla intelectualmente. El caso de este texto de Bangs es ejemplar. Originalmente es un extenso artículo de 1979 que pasó a formar parte de la antología de cabecera Psychotic Reactions and Carburetor Dung, editada en 1987 por Greil Marcus, otro infranqueable crítico y escritor de rock.  

    Lester Bangs fue básicamente un articulista para revistas de música, entre ellas Rolling Stone y Creem, de la que fue editor, o algunas veces escribía para el Village Voice. Murió en 1982 a los 33 años y es autor de algunas de las crónicas más militantes de las escenas transformativas del rock en sus múltiples colisiones con otros géneros en la década de 1970 en Nueva York. Asunto central —como ya dijimos— de este texto que el traductor encontró de enorme pertinencia para también él lanzar una serie de preguntas sobre los callejones sin salida a los que hemos llegado hoy, con un gusto musical que se construye con base en la nostalgia, arrastrándonos en un movimiento sin precedentes de atrofia de la sensibilidad.

    ¿Qué hallamos en la fauna posteverything? El imitador desesperado, el epígono obediente y el diletante impasible, criaturas que viven de sus interminables excursiones en el basurero de la historia del pop y del rock. Por supuesto que este fenómeno tiene una causa nuclear: la vacuidad afectiva, la incapacidad de ser afectados y de afectar emocionalmente a otros. El propio Bangs denunciaba este síndrome a inicios de los años ochenta en figuras del new wave como Brian Ferry y su indolencia fatua e individualista. O en los desplantes egomaniacos de los rockeros de los años sesenta, como Jethro Tull, que a inicios de los ochenta se había transformado en un payaso insulso. La falta de contenido e involucramiento se reemplazaba con una cosmética de la que Bangs fue un crítico abrasivo.

    En este texto —y en el torrencial prólogo que nos introduce a él— hay otra cosa más por aprender: lo que puede hacer la escritura más allá de su papel subordinado al músico y en constante conflicto con lo que éste piensa: que todo se agota en el acto de su ejecución, en la vivencia intransferible de su consumación sónica en el estudio o en el escenario. Al carácter suplementario que generalmente se le otorga a la escritura se opone la capacidad que tiene para producir el lugar que dota de plenitud la experiencia de la música. Expandiéndola hacia los registros de una auralidad que se va forjando con los demás elementos que conforman el evento musical, y que confluyen para situar un fenómeno que siempre transmite más de lo que los músicos creen, de lo que los músicos saben.

    Carlos Prieto Acevedo